Poesía | La Triste Historia de Apolo y Dafne
Huiste de mí entre los bosques.
Tan solo quería hablarte de mi vida,
de todas esas historias que nadie escucha
y sin embargo a ti te gustaban,
y lo mejor de todo es que te hacían reír.
Vienen a mi memoria aquellas tardes
en las que hablábamos bajo los laureles,
donde parecía que tu pelo olía a tomillo
y tu cariño al aroma que deja la lluvia
en la tierra húmeda del campo.
Pero una mañana paseando contigo,
sin saber por qué, te marchaste.
Corrías rápido esquivando las ramas de los árboles
que se cruzaban en tu huida.
Sin apenas pensar, seguí tus pasos,
torpemente corría, resbalando con el musgo,
hasta tropezar con una piedra.
Ahí me quedé, tendido en el suelo,
viendo tus piernas ya apresadas en el barro.
Gritabas mientras tus manos suaves
se volvían tan ásperas como las ramas
y aquellos dedos tan finitos y delicados
se convertían en hojas,
mientras tu rostro puro
pasaba a ser un tronco retorcido.
Llegué a ti despacio,
me senté sobre tus raíces
y te dije llorando
que si ser un árbol era tu deseo,
me convertiría en mirlo
para juguetear entre tus ramas;
Que como dijo un poeta:
"Donde hay amor, no manda enamorado."

Derechos de Holden Centeno.
Extracto de "La Chica de los Planetas".
Mis aplausos al poeta.